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Estudio 1052 – Prontitud para la consagración a Dios – Isaías 6:1-8

Estudio 1052 – Prontitud para la consagración a Dios – Isaías 6:1-8

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Estudio 1052

IGLESIA CRISTIANA MEGA ZOE EST. BÍBLICO #1052 – IGLESIA EN LAS CASAS

PASTORA EDITH CRUZ SEMANA 8 @ 14 OCTUBRE DEL 2019

Tema: “Prontitud Para La Consagración A Dios” Isaías 6:1-8

¡Nos ofrecemos al Señor, nos dedicamos al que nos ha llamado, a Jesús! Isaías vio al Señor y se dispuso a servirle. Ahora, nosotros lo tenemos en nuestras vidas porque creímos al evangelio. Un día llegó el Señor a nuestras vidas, comenzamos un camino nuevo, una vida llena de virtud, porque llegó el Santo y trae con Él todo lo santo y bueno de Él. De una vieja criatura que éramos llegó Jesús para hacer en uno una nueva vida. ¿Nos ofrecemos como hizo Isaías, nos dedicamos al Señor que nos llamó?

I. No se nos ha revelado Dios a nuestras vidas de esa manera tan única como se lo hizo al profeta Isaías.

A. Pero, sí se nos reveló por medio del evangelio de Cristo y buscamos dedicarnos a Dios como lo hizo Isaías.

1. Es doloroso ver que algunos están como en el mundo, pecan sin disimulo. Otros lo hacen a escondidas, aparentando. ¡Qué dolor verlos cuando se adelantan a tomar un asiento en la casa de Dios sin negarse al mal! ¡Sin ofrecerse ellos de todo corazón a Dios, sin haberle dedicado su vida al Señor! Hermanos, ¡Dios no es un amuleto de la buena suerte!

2. ¡Consideremos que Isaías tuvo una maravillosa visión del Rey de Reyes!

a. Por Juan 12:41 se puede entender que el Rey que Isaías vio no era otro que ¡EL SEÑOR JESÚS!

b. Romanos 9:5 …vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito (Santo) por los siglos.” Isaías le sirvió al Rey, a Cristo mismo. ¿A ese Dios le servirás tú?

3. Isaías, igual que Juan (Juan 1:10), estaba en el Espíritu cuando Dios se le reveló en la gran visión.

4. (Vs.1) “En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor…” (2 Crónicas 26:16,21) El rey Uzías murió de lepra. Los humanos, por mucho que reinen, al fin y al cabo mueren, ya sea de un modo o de otro.

5. Pero, ¡Dios es un Rey que nunca duerme ni muere y Su reinado no tiene fin! ¿A quién le sirves, a Él?

6. Como profeta, Isaías sabía que, con el rey Uzías muerto, vendrían tiempos difíciles para el pueblo.

7. Israel (el reino del norte) y también Siria vendrían de camino contra Judá (el reino del sur).

8. En la visión Dios le quiere hacer ver a Isaías que no tiene que turbarse debido a los tiempos muy difíciles que puedan venir por la muerte del monarca, porque, ¡Jehová, es el verdadero Rey de Israel!

9. Tal como lo vio Isaías Dios tiene “…un trono alto y sublime (elevado, excelente, grandioso, extraordinario, insuperable, excepcional, inestimable, esplendido, admirable, celestial, divino, glorioso), y sus faldas llenaban el templo.” ¡El borde de Sus ropas llena ese glorioso templo!

10. (Vs.2) Isaías observa que sirviendo a Dios había unos seres celestiales llamados serafines (son del grado superior de los querubines), con cuatro alas para reverenciar al Señor y otras dos alas para volar.

11. Los serafines celebran la santidad de Dios y requieren que los siervos de Dios sean ¡LIMPIADOS ANTES DE SERVIRLE! Los serafines (que arden o queman) arden de amor a Dios, de celo por Su gloria y detestan el pecado. La gloria de ellos está en tener abundancia, no sólo de la luz del conocimiento de Dios, sino del ferviente amor a Su santo nombre.

12. ¡Dime tú si llegarían al trono de Dios solo migajas de parte tuya o le ofrecerías el todo de ti!

13. Cada serafín tenía seis alas, no todas extendidas, sino que cuatro eran para cubrirse: “Con dos cubrían sus rostros, en señal de reverencia, para no mirar hacia la gloria de la presencia de Dios; dos cubrían sus pies, en señal de modestia, a fin de no descubrir el cuerpo y dos eran para volar. Cuando Dios los envía para cumplir algún encargo urgente, vuelan rápidamente (Vs.6).

14. (Vs.4, 5) La casa se llenó de humo, el templo se estremeció e Isaías clamó: ¡Ay de mí! ¡La vision produjo profunda convicción de pecado al profeta, llevándole al punto de la confesión!

15. ¡ISAÍAS SABE HUMILLARSE DELANTE DE LA GRANDEZA DEL SEÑOR!

16. ¿Alguna vez has dicho: “Ay de mí”, como lo dijo Isaías?

17. ¿O te revelas, te ofendes, te das de herido, de humillado y aún te das de limpio?

18. Cuando Isaías ve la gloria de Dios, ya no puede ver a nadie ni otra cosa, solo dice: ¡Ay de mí!

19. La gravedad de los propios pecados ¡sólo se pueden ver ante la santidad del Dios tres veces santo!

20. ¡Nuestro mal solo se puede ver cuando dejamos que nos alumbren los rayos de Su santidad!

21. (Vs.5) “…habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos…” ¡Fíjate, igual que uno! También estamos en medio de pueblo que tiene labios inmundos, de gente fáciles para hablar mentiras, para traicionar, odiar y envidiar. ¡Cuidado, que así nos podemos llenar de pecados, por lo cual Su Gloria no la dejaríamos que nos ilumine! Solo podríamos decir: ¡Ay de mí!

22. (Vs.6) “Y voló hacia mí… en su mano un carbón encendido…” ¡ERA PARA PURIFICARLE!

23. Aquí vemos como fue sacado un serafín del trono de la gloria de Dios por algún tiempo, a fin de ser un mensajero de gracia para un hombre bueno. ¡Vino volando rápidamente hacia el profeta Isaías!

24. ¡Vino el serafín a Isaías, que se sentía como muerto (Vs.5), y le infundió vida, porque el modo de purificar los labios de la impureza del pecado es encendiendo el alma con el amor de Dios!

25. (Vs.7) “…dijo: He aquí que esto tocó tus labios y es quitado tu culpa y limpio tu pecado.”

a. La culpa del pecado es quitado con el perdón de Su misericordia; mediante la gracia divina.

26. (Vs.8) ¡Isaías oyó la llamada del Señor!

27. ¡Y CON PRONTITUD SE CONSAGRÓ AL SEÑOR Y DIOS LE ENTREGÓ SU COMETIDO!

28. ¡Solo teniendo íntima comunión con Dios uno puede recibir comunicaciones de parte de Dios!

29. Dios preguntó: “¿A quién enviaré…?”

30. A nadie se le permite ir en nombre de Dios, sino a los que son enviados por Él (Romanos 10:15).

31. Entonces, fue enviado Isaías, ¡CON LABIOS YA LIMPIOS POR EL FUEGO DEL ALTAR DE DIOS!

32. “¡Heme aquí, envíame a mí!” Finalmente, Isaías se le ofrece a Dios de lleno, fueran cuales fueran las dificultades que pudieran salirle al paso en el desempeño de su misión. ¿Y tú? Amén.

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