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Estudio 683 - Con la soberbia se ultraja, se insulta a Dios - Números 14:1-9 y 15:30, 31
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Wednesday, 22 June 2011 13:46

Estudio 683

IGLESIA CRISTIANA MEGA ZOE ESTUDIO BIBLICO # 683 -IGLESIAS EN LAS CASAS

PASTORA EDITH CRUZ MARTES 10 @ 16 MAYO DE 2011

Tema: “Con La Soberbia Se Ultraja, Se Insulta A Dios” Números 14:1-9 & Números: 15: 30,31

Hay personas que aparentemente siguen a Dios pero muestran incredulidad, la cual les trae muchas malas decisiones. Todo eso viene porque tienen una vida lejos del pensamiento de Dios. Hermano, hay algo que te puede hacer grande o pequeño en Dios, es creerle o no a su Palabra. Israel, aquel pueblo escogido era llamado para creerle a la Palabra de Dios y no le creían. Aún cuando veían con sus propios ojos que cada Palabra dada por Dios se cumplía ante ellos.

 

En Números 15:30-31 leemos del que hace cosas con soberbia. El que se mueve con soberbia es uno que ultraja, que insulta a Dios. ¡Cuán orgullosos pueden ser algunos al no respetar la Palabra que Dios les da! Él nos da su Palabra para enseñarnos, para guiarnos y librarnos del mal, para que no haya tropiezo en nosotros. Y el hombre es capaz por su desobediencia de ultrajar a Dios con su soberbia. Cuando no somos capaces de oír a Dios y atender a sus palabras lo que le damos es un insulto, una ofensa, una injuria. ¡Cuántos no le oyen aunque pareciera que sí! En aquel tiempo de la ley a los que no le oían o atendían a las palabras del Señor se les cortaba del pueblo o se les apartaba de la congregación, porque es pecado no oír a Dios. Es iniquidad, es injusto el no oír al Señor cuando nos habla.

 

Caleb y Josué sí oían a Dios. No tan solo le oían sino que le obedecían. Josué y Caleb rasgaron sus vestidos en señal de humillación, de esa forma se interpusieron entre el pueblo y Dios buscando librar a Israel de la ruina (Números 14: 6). No podía aquel pueblo oír ni a Moisés ni Aarón; tan fuertes eran los gritos de 600,000 hombres de a pie. Moisés y Aarón se postraron sobre sus rostros.  Vs. 5 Había un gran pesar en las vidas de estos hombres. ¿Cómo hacer para que aquel pueblo reaccionara? ¿Quién puede con tanta soberbia? ¡Imposible! A ellos les parecía más fácil regresarse a Egipto, a la tierra donde Dios había dejado luto por la muerte de los primogénitos. También ellos habían despojado a los egipcios del oro, la plata, vestidos y de alhajas el día de su salida (Éxodo 12: 35,36). Preferían volver por el Mar Rojo en donde se había ahogado todo el ejército de Faraón.

¡Qué mentalidad rebelde! Volver a donde faltaba el ganado y el alimento, a las ciudades de Egipto que estaban destruidas por los granizos y por las grandes plagas. Además, ¿cómo los recibirían? Vemos que la rebeldía siega a los hombres. ¡Cuidado!

 

Israel se deja ver como un pueblo tonto lleno de soberbia que humilla el nombre de Dios. Volver a Egipto les parecía más seguro que creer que Dios los llevaría a la victoria en Canaán. Ya Jehová había destruido a los egipcios a favor del pueblo, había dividido el Mar Rojo, les había dado el maná, alimento en forma de pan del cielo. Dios los estaba llevando y cuidando con su mano poderosa por todo el desierto. Pero ahora, no podían confiar en el poder de su Dios para superar a unos pocos gigantes de aquella tierra. La soberbia ciega. Dudaban del poder de Dios. Tener en algún momento un bajo concepto de Dios puede arruinar a una persona o a una nación entera. Ni orando Moisés y Aarón pudieron acallar tanta gritería. Ellos quedaron atónitos ante la conducta de aquel pueblo que dejaba atrás todos los favores de Jehová.

 

Josué y Caleb rasgaron sus vestiduras. ¡Cuánto espanto en ellos cuando vieron al pueblo actuar como fieras contra el poder de Dios! El orgullo de los hombres y su arrogancia les hace sentirse grandes como para hablar lo que quieren hablar. Solo que hablan así para muerte de ellos mismos. Josué y Caleb rompen sus vestidos, desgarran sus ropas como símbolo de que su corazón se quebrantaba con tanto desprecio a Jehová, ellos tenían que desgarrarse así ante un pueblo que no le creía a Dios. Estaban viendo el pecado de incredulidad del pueblo. Estos dos hombres justos, Josué y Caleb temían a la ira de Dios que pronto estallaría contra Israel. Eran éstos dos caballeros fieles creyentes de las promesas de Dios; había en ellos indignación sabiendo que desde el principio era Dios quien los guiaba paso a paso en todo.

 

¡Ay Dios! ¡Tanta incredulidad del hombre hacia Ti! ¡Le das a cada uno el nacer como el morir, también nos das el día a día contigo y con tus cuidos! ¡No hay por qué dudar! Hermano, cuan constante seas tú con Dios así veras cada día sus milagros y cada día veras su poder. Y creerás más y más. Pero, si por el contrario te haces soberbio, orgulloso, grandioso, pues es que te revelas contra el que te llamó. Los israelitas no tenían por qué temerle a aquel pueblo de gigantes en Canaán aunque fueran más grandes que ellos. ¡Dios el Todopoderoso estaba con ellos! ¡Pobre pueblo, se alejó de un Dios creador y de su poder! No había ninguna razón sostenible para no conquistar la tierra que se les había prometido.

 

¿Que nos lleva a dudar? A veces, son personas que fracasan y que también nos quieren ver fracasados a nosotros, como trataron de hacer los otros espías que acompañaban a Josué y a Caleb. Entonces, con la duda sembrada se pone a Dios en vergüenza. Y hermano, Dios no quedará en vergüenza, sería uno el que quedaría en vergüenza, nunca Dios. 

 

 Josué dice:  “¡(Esos gigantes)…son pan comido!” Así era su fe, así lo creía. Pero, el orgulloso que duda ve todas las cosas negativas como si fueran gigantes contra él. Aquellos espías hablaban de la estatura y de la fuerza de los gigantes, pero lo que dejaban ver era su perversidad y desde ese punto de vista era que hablaban, de que Dios los había desamparado. Hablaban según lo que había dentro de ellos, el mal. Aquellos hombres dejaron ver que el peligro que tanto reclamaban debido a los gigantes se debía únicamente a su descontento y rebeldía contra Dios. La soberbia mantiene al hombre lejos del más lógico y prudente razonamiento. Las palabras de Josué y Caleb los hicieron arder más y más en rabia y odio. Los querían matar; así actúa el que se levanta contra Dios.  Pero, Dios se manifestaría para cuidar a Josué y a Caleb. La Gloria de Dios se hizo manifiesta para bien de Josué y Caleb y para mal del soberbio y arrogante. Les vino el terror y la confusión. 

 

 Seamos fieles en la fe como lo fueron Josué y Caleb. Dios siempre estará atento a nuestras necesidades y a nuestro favor. No hay que temer.  “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” Romanos 8: 31 Amén.

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