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Estudio 470 - La Viuda Insistió Ante El Juez Injusto y Yo Insistiré Orando a Dios - Lucas 18:1-8
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IGLESIA CRISTIANA MEGA ZOE                     ESTUDIO BIBLICO # 470- IGLESIAS EN LAS CASAS

PASTORA EDITH CRUZ                                                       MARTES  21 @ 27 DE NOVIEMBRE DE 2006

 

       Tema: “La Viuda Insistió Ante El Juez Injusto y Yo Insistiré Orando a Dios Lucas 18:1-8

 

            Podemos tener mil necesidades, pero lo primero debe ser la oración.  A veces nos quejamos y buscamos soluciones por otros medios, pero lo más necesario para nosotros es la oraciónEsta es nuestra llave que abre esa gran puerta para todo, Dios nos responderá para nuestras enfermedadesproblemas, etc.  A veces no hay oración porque resulta más cómodo hacer otras cosas que ir delante de Dios en oraciónTodos necesitamos que Dios nos escuche.  ¿Para qué es la vida si no está DiosNuestros problemas, la enfermedad, la concupiscencia, el pecado siempre están al frente y parece que no hay solución porque nuestros ojos solo pueden ver eso.

            Jesús estaba dando un consejo a sus discípulos, ya estaba pronto a irse, sabía que la oración era una necesidad para ellos como lo debe ser también para nosotros.  Hay que vivir activos en fe todo el tiempo, al justo Dios lo escucha.  Orar es un privilegio, un honor y más que todo un deber.   Siempre debemos descansar en todo lo que estamos pidiendo porque habrá una respuesta.  El caminar en victoria es porque hemos decidido orar  y no lo hacemos para que no haya problemas sino porque este evangelio es para que oremos. 

            A todo hombre y mujer de oración cuando le llega la victoria puede tener un cántico de alabanza.  Cuando estamos aturdidos es porque no tenemos esperanza, solución. No nos conformemos. El creyente no puede estar conforme porque tiene mucho que hacer, tenemos que tener una vida activa. En la oración vencemos la concupiscencia, el pecado para salir victoriosos de ella.  El que deja de orar no tiene triunfo.  Al dejar de orar le venció el pecado, la concupiscencia.  Cuando nos debemos a Dios sabemos que necesitamos tocar esa puerta de la oración. En ocasiones necesitamos liberación y la obtenemos orando.  Oremos mientras el día dura.  El hombre y la mujer que tiene oración acumulada cuando se le enfrentan los problemas, cuando está en batalla nadie lo mueve y queda libre de lo que el diablo le viene a atacar.  No es necesario que hagamos largas oraciones delante de la gente sino delante de Dios.  Hay momentos violentos que necesitamos ir delante de Dios con desespero. Jesús siempre encontró solución en la oración, nunca lo encontró en lo que estaba a su alrededor.  Nadie nos puede liberar y proteger sino el Dios a quien le servimos.  A veces vivimos muy cómodos cuando no hay problemas.  Si no hemos disciplinado nuestra vida en la búsqueda, cuando viene el problema no sabemos abrir esa puerta para pedir a Dios.  El cuerpo es vagabundo, le gusta lo fácil, se cae en una dejadez y no hay sentido de luchar por eso tenemos que disciplinarlo.  Tengamos oración siempre, sobre todo. 

            Jesús sabía que a los cristianos nos iban a venir aflicciones y que íbamos a necesitar mucha paciencia.  De la única forma que nos mantenemos y sostenemos siempre es presentándonos delante de Dios. Necesitamos la protección y la influencia completamente del Todopoderoso porque como mortales somos limitados y Él va sobre toda distancia.  ¿Cómo el Todopoderoso va a conocer nuestro rostro sino se lo enseñamos?  Tenemos que presentar nuestro rostro a Él.   Cristo estableció muy claro que los hombres y mujeres no deben cesar de orar nunca porque Dios ha puesto ese sentir hasta la plena respuesta a nuestra oración. El Padre no quiere que en nosotros haya un desespero, sino oración.  La solución está en Dios no en el hombre. 

            Dios es el que pone en nosotros ese deseo de la oración para que le hablemos. El padre sabe cada mover de nosotros, pero quiere que le hablemos, conocernos, oírnos, que estemos cerca de Él.  Somos su propiedad.

            Aquel juez injusto no le importaba nada, ni nadie. Como juez tenía que trabajar con equidad.  No sentía nada por aquella viuda que le molestaba, pero sabía que era lo único que podía hacer por ella.  Aquella viuda era oprimida por su adversario  a quien no podía vencer con sus fuerzas porque éste era más fuerte que ella y tal vez era alguien que le cobraba, alguien que se le convirtió en su enemigo.  Por tal razón tenía que ir a alguien superior que le ayudara, ya que los de su casa no lo podían hacer.  En ella había grandes aprietos, situaciones.  Ella reclamaba que se le hiciera justicia, que se le diera la medida, que alguien tuviera compasión. Iba constantemente a donde aquel juez para que le librara de su enemigo, fue insistiendo, necesitaba ser librada de aquel maltrato que recibía de su adversario.   No dejó en paz al juez hasta conseguir aquello que necesitaba. 

            Así tenemos que insistir nosotros al Padre.  Si aquel juez injusto a quien tanto molestó aquella viuda tomó la decisión de hacerle justicia aun sin importarle su causa, entonces cuanto más nuestro Padre celestial que es justo y que a Él si le interesa nuestra causa y nuestra vida no nos hará justicia si le clamamos a Él.  Cuan cierto era que lo que ella le pedía a él no le conmovía, pero su constancia cada vez que acudía ante él le impulsó a actuar.  Su importunidad y persistencia hicieron que tomara una decisión en favor de ella.  La viuda ganó porque el juez injusto fue vencido por ella de tanto que le insistió. ¿Acaso Dios no hace justicia a sus escogidos, aquellos que claman a Él noche y día?  A nosotros nos escogió Dios entonces Él no se hace sordo para nosotros.  Él tiene su vista puesta en sus escogidos, sobre nosotros.  Él no ve lo que nosotros vemos, sino lo profundo de nosotros, lo que nadie puede ver.  Su mirada está sobre el justo para preservarlo, protegerlo en medio de los problemas y situaciones que podemos vivir.  Dios quiere que clamemos a Él.  Un  escogido sabe que no tiene luz propia, poder, ni bondad sino la recibimos de Dios.  Como Él no es un juez injusto no tiene ningún empeño en tardarse sino contestar nuestra oración pronto.  Somos escogidos, producto de la sangre, de la muerte del Señor, hechos para ser semejanza de Dios, protegidos en todas las áreas, las 24 horas del día.  Entonces en vez de tener cántico de oración y alabanza vivimos quejándonos.  Dios está dispuesto a contestar nuestra oración.  Si aquella viuda que iba a un juez que tenía tanta distancia fue escuchada cuanto más nosotros que tenemos a Dios tan cerca no nos va a escuchar cuando nos mantenemos activos en Él.  ¿Si el señor Jesús viniera ahora mismo encontraría fe en nosotros?  A veces cambiamos la palabra de Dios porque Él dice que somos escogidos y nosotros decimos que somos desechos.  Hallará o no fe en nosotros, hallará hombres y mujeres que le crean. 

            Jesús nos enseñó a orar.  Si dejamos de clamar es porque ya estamos vencidos.  Si seguimos clamando es porque no estamos vencidos sino que creemos que el Padre va a hacer porque al pedirle Él nos va a contestar.

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