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Estudio 263 - Jesús sana al ciego Bartimeo - Marcos 10: 46-52
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IGLESIA CRISTIANA MEGA ZOE                                                              ESTUDIO BÍBLICO #263- IGLESIA EN LAS CASAS                                  PASTORA EDITH CRUZ                                                                                  SEMANA DEL 10 @ 16 DE SEPTIEMBRE DE 2002

 

Marcos 10: 46-52 “Jesús sana al ciego Bartimeo”

 

Introducción:En los evangelios de Mateo y Lucas, también se habla de este caso.  Mateo que caminaba con Jesús, dice que eran dos ciegos, Marcos y Lucas expresan que era uno.  Pero Marcos y Lucas no caminaban con Jesús, y escribieron de acuerdo a lo que Pedro dijo, o a las expresiones vertidas por sus informantes. 

Marcos habló de este ciego de una forma muy peculiar.  Hay personas que conquistan a Jesús por su actitud y se hacen amigos de Él.  Jesús escucha sus voces y se tiene que detener.  Un hombre ciego como Bartimeo, necesita de la bondad de los que están alrededor.  Nadie le prestará importancia, a menos que tenga una voz que se dé a escuchar.  Jesús bendice la fe de Bartimeo y lo sana, su voz detuvo al Maestro.

El pueblo de Jericó era pequeño, con una sola entrada y una sola salida.  Con caminos insignificantes y Bartimeo era uno más entre la multitud.  Pero con una gran diferencia, su corazón no era igual que el de los demás  El jamás imaginó que Jesús quería bendecirlo.  La gente, busca la iglesia por muchas razones, no exactamente para venir a adorar al Maestro.  Si vinieras a buscar al Maestro, no faltarías a ningún culto.  Si en verdad le crees al Señor, vamos a probarle si nos va bendecir.  El que le sabe probar, lleva mucho fruto.  El Maestro sabe que quiere tener un encuentro con nosotros.  Pero, nosotros somos los que no sabemos, porque estamos muy aferrados a los encantos de este mundo. ¿Es que las oportunidades que Jesús nos da son pocas? No, son muchas.  ¿Tenemos que vivir en plena confusión?  No es necesario. Él está presto para bendecirnos.

El diablo esta enojado porque sabe de los que buscan la bendición. 

Bartimeo decía, “Jesús, hijo de David ten misericordia de mí.”  Como Bartimeo, el hombre que no ha tenido comunión con Dios tiene que pedir misericordia.  Pero, Bartimeo creyó los comentarios que decían de Jesús Nazareno.  El creyó sin decir nada, sin ver ningún milagro, creyó aún con su incapacidad de ver.  Lo importante es que su corazón era distinto a todos los que estaban a su alrededor.  ¡Cuantas razones da la gente para no buscar a Dios!  Y por esto muchos se oponen al día de su bendición. 

Por esta razón yo misma, (la pastora) grito,  ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!  Estamos esperando el resto de la bendición que falta.  Y ese gran día va a llegar.  Muchos intentarán robar la bendición e impedir que la bendición llegue,¡ pero yo grito el nombre de Jesús!  ¿Y tú?

Aquellos que reprendían a Bartimeo, en verdad lo que debían haber hecho era abrirle paso para que pudiera llegar a Jesús.  Pero el problema es el corazón del hombre.  Somos tan comunes. ¡Seamos más sabios! Cuando Jesús llega, nosotros debemos sentarnos a sus pies, preparando nuestras vidas para que sean ofrenda grata al Señor. 

Jesús se detuvo ante el corazón de Bartimeo, porque vio que allí había un terreno fértil para una buena siembra.  Bartimeo sabía que en Jesús había misericordia a pesar de sus limitaciones.  Él creyó en su corazón, no le fue necesario ver.  ¿Qué es lo que toma nuestra pasión y nuestro ser que no nos deja ver?  ¿Que es lo que hace que nuestro corazón se llene de raíces y de contienda? ¡Descúbrelo y sé libre!

Jesús vio tanta fe en Bartimeo. Por eso, la fe de uno mueve la mano de Dios.  La Palabra dice en Marcos 10:49,     que a Bartimeo le dijeron, “... ten confianza, levántate, te llama.”  Cuando leía estos versos (la pastora), la fe de este hombre hacía que el Espíritu me llevara y hablara a mi corazón; era la misma fe de Abraham y la misma fe de todos aquellos grandes hombres de la historia bíblica. 

En Hebreos 11:4 dice:  “Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio...”  Él agradó más a Dios por su fe.  Por la fe Abraham ofreció a su hijo y Sara dio a luz un hijo, siendo estéril.  Por fe Jacob al morir bendijo a sus hijos y a los hijos de Moisés.  Por fe es que llegamos a Dios. Por fe Moisés fue escondido por sus padres.  Fe es conocer cuando Dios nos visita.  Es creerle a Dios.  Moisés rehusó cuando ya era grande ser el hijo de la hija de Faraón.  NO TE DESCUIDES PARA QUE PUEDAS PONER EN ACCIÓN TU FE.  Jesús se detiene con hombres y mujeres de fe.  ¿Iglesia, cuando seremos como Bartimeo?  Jesús solo busca corazones que tengan fe.  El no busca mentes complicadas.  Jesús se detuvo para atender la necesidad de Bartimeo. Él escucha, examina y responde a nuestro grito.  El Maestro mandó llamar al ciego Bartimeo y éste arrojando su capa, se levantó y fue a Jesús.  El comentarista bíblico, Adam Clark, decía que esa capa era toda la fortuna de aquel hombre ciego, que lo cubría del frío y lo protegía.  Pero la soltó, pues podía representarle un obstáculo para llegar a Jesús.  Por eso, nadie puede comprender lo que es el misterio de la iglesia.  Bartimeo comenzó a amar a Dios que había llegado a su vida y había transformado sus pensamientos.  Comenzó a tener una relación de inmediato, cuando creyó. El Maestro le preguntó,  “¿Qué quieres que te haga?”  A lo que él respondió, “Que recobre la vista.”  Él pidió claramente y de inmediato quedó sano.  Y dice la Palabra que luego de quedar sano, seguía a Jesús en el camino.

No huyas del que ama tu alma, no lo eches a un lado.  Permitámosle al Señor, que como le hizo a Bartimeo, también tome nuestro corazón y lo constriña de amor.

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